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domingo, 12 de junio de 2011

Modificaciones que se realizaron en las representaciones, conceptualizaciones y creencias iniciales sobre el uso de la narrativa para aprender historia.

La narración no es una mera descripción de un acontecimiento.
La narración es un modo de razonar la historia, una forma de construir y dar inteligibilidad a la realidad.
La narrativa es una modalidad del pensamiento, profundiza en el conocimiento histórico; estimula una forma de aprender que implica el desarrollo de competencias propias del pensamiento histórico.
La narrativa implica una comunicación dialógica, un modo de razonar la historia de manera que el alumno puede apropiarse del conocimiento al darse cuenta de que no sólo se trata de interpretar los libros, sino que a través de la reflexión va a recrear la realidad histórica que nunca es definitiva.
Lo importante es llevar de manera gradual al alumno a construir el conocimiento histórico. La narrativa logra captar el interés de los alumnos y su disposición hacia el conocimiento.
La verdadera narrativa incluye una trama, personajes con acciones, en un espacio y tiempo determinado; la narrativa da la posibilidad al alumno de reconstruir a partir de la comprensión.
El docente debe tener la capacidad de narrar, debe promover una conversación informal, expresar las ideas con sus propias palabras y no olvidar que es el “cuestionamiento” lo que hará que el alumno ejerza un juicio crítico y reflexivo que lo lleve al desarrollo de competencias propias del pensamiento histórico.
En conclusión la narrativa puede incorporarse perfectamente al diseño de situación – problema para el aprendizaje de la historia ya que hacer una narración conlleva que el alumno lea, razone, genere hipótesis y tenga una comunicación dialógica con los otros; es decir la narrativa es un modo de razonar y reconstruir la historia.

Narración incial

 
Durante el tiempo del porfiriato, se realizaron obras importantes en puertos y se construyeron 20,000 kilómetros de vías férreas. Esto con el fin de facilitar el intercambio comercial, no solo con Estados Unidos de América sino también dentro del mismo país entre distintas regiones de México y como medio de control político y militar.
¡Viva Porfirio! gritaba Paquita, aquella muchacha que tanto sufrió al morir sus padres en la guerra, antes de que Díaz llegara a la presidencia de la república. Paquita se juntó con un trabajador de las vías férreas, con este trabajo les llegó tranquilidad y sustento por eso la admiración de la muchacha por su presidente, no obstante al transcurrir los años cambiaría de parecer.

Su marido indígena que había perdido sus tierras, hoy se encontraba en las vías, pero no por mucho tiempo, ya que Don Manuel lo invitó a trabajar como peón en su hacienda, prometiéndole casa, comida y escuela para sus hijos. Lo que no imaginaba la pareja era que en esta época porfiriana, los peones estaban mal pagados, tenían poca libertad y se veían obligados a gastar el poco dinero que ganaban en las tiendas de raya, que eran de los propios patrones y que vendían todo más caro. Al endeudarse en estas tiendas, los peones tenían que seguir trabajando para el mismo patrón, aunque los tratara mal. En algunas ocasiones los peones eran tratados casi como esclavos.

La ilusión del bienestar fue lo que llegó primero a los habitantes, no se imaginaron en el costo humano tan alto que se pagaría para que la economía mexicana se desarrollara. Las haciendas y latifundios eran fuertes, fluía dinero pero no para todos, ricos muy ricos, pobres muy pobres. Aunque sabemos que en el Porfiriato se desarrolló la clase media de profesionales y empleados públicos;
las injusticias y el maltrato para los más desprotegidos no desaparecieron, los pobres peones se hacían cada vez más pobres.